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Manjar Sabático

03-09-2022

Isaías 20

1 En el año que vino Tartán a Asdod, cuando le envió Sargón rey de Asiria, y peleó contra Asdod y la tomó.
2 En aquel tiempo habló Jehová por Isaías hijo de Amoz, diciendo: Ve, y quita el cilicio de tus lomos, y quita las sandalias de tus pies. Y lo hizo así, andando desnudo y descalzo.
3 Y dijo Jehová: De la manera que anduvo mi siervo Isaías desnudo y descalzo tres años, [por] señal y pronóstico sobre Egipto y sobre Etiopía;
4 así llevará el rey de Asiria a los cautivos de Egipto y a los exiliados de Etiopía, a jóvenes y a viejos, desnudos y descalzos, y con las nalgas descubiertas para vergüenza de Egipto.
5 Y se turbarán y avergonzarán de Etiopía su esperanza, y de Egipto su gloria.
6 Y dirá en aquel día el morador de esta isla: ¡Mirad cuál [es] nuestra esperanza, a dónde acudimos por ayuda para ser libres de la presencia del rey de Asiria! ¿Y cómo escaparemos nosotros?

El Conflicto Inminente (CI). Capítulo 9: Liberación y refugio para los justos

Cuando los que honran la ley de Dios hayan sido privados de la protección de las leyes humanas, empezará en varios países un movimiento simultáneo para destruirlos. Conforme vaya acercándose el tiempo señalado en el decreto, el pueblo conspirará para extirpar la secta aborrecida. Se convendrá en dar una noche el golpe decisivo, que reducirá completamente al silencio la voz disidente y reprensora. {CI 94.1}

El pueblo de Dios —algunos en las celdas de las cárceles, otros escondidos en ignorados escondrijos de bosques y montañas—, invocan aún la protección divina, mientras que por todas partes compañías de hombres armados, instigados por legiones de ángeles malos, se disponen a emprender la obra de muerte. Entonces, en la hora de supremo apuro, es cuando el Dios de Israel intervendrá para librar a sus escogidos. El Señor dice: “Vosotros tendréis canción, como en noche en que se celebra pascua; y alegría de corazón, como el que va … al monte de Jehová, al Fuerte de Israel. Y Jehová hará oír su voz potente, y hará ver el descender de su brazo, con furor de rostro, y llama de fuego consumidor; con dispersión, con avenida, y piedra de granizo.” Isaías 30:29, 30. {CI 94.2}

Multitudes de hombres perversos, profiriendo gritos de triunfo, burlas e imprecaciones, están a punto de arrojarse sobre su presa, cuando de pronto densas tinieblas, más sombrías que la obscuridad de la noche caen sobre la tierra. Luego un arco iris, que refleja la gloria del trono de Dios, se extiende de un lado a otro del cielo, y parece envolver a todos los grupos en oración. Las multitudes encolerizadas se sienten contenidas en el acto. Sus gritos de burla expiran en sus labios. Olvidan el objeto de su ira sanguinaria. Con terribles presentimientos contemplan el símbolo de la alianza divina, y ansían ser amparadas de su deslumbradora claridad. {CI 94.3}

Los hijos de Dios oyen una voz clara y melodiosa que dice: “Enderezaos,” y, al levantar la vista al cielo, contemplan el arco de la promesa. Las nubes negras y amenazadoras que cubrían el firmamento se han desvanecido, y como Esteban, clavan la mirada en el cielo, y ven la gloria de Dios y al Hijo del hombre sentado en su trono. En su divina forma distinguen los rastros de su humillación, y oyen brotar de sus labios la oración dirigida a su Padre y a los santos ángeles: “Yo quiero que aquellos también que me has dado, estén conmigo en donde yo estoy.” Juan 17:24 (VM). Luego se oye una voz armoniosa y triunfante, que dice: “¡Helos aquí! ¡Helos aquí! santos, inocentes e inmaculados. Guardaron la palabra de mi paciencia y andarán entre los ángeles;” y de los labios pálidos y trémulos de los que guardaron firmemente la fe, sube una aclamación de victoria. {CI 95.1}

Es a medianoche cuando Dios manifiesta su poder para librar a su pueblo. Sale el sol en todo su esplendor. Sucédense señales y prodigios con rapidez. Los malos miran la escena con terror y asombro, mientras los justos contemplan con gozo las señales de su liberación. La naturaleza entera parece trastornada. Los ríos dejan de correr. Nubes negras y pesadas se levantan y chocan unas con otras. En medio de los cielos conmovidos hay un claro de gloria indescriptible, de donde baja la voz de Dios semejante al ruido de muchas aguas, diciendo: “Hecho es.” Apocalipsis 16:17. {CI 95.2}

Esa misma voz sacude los cielos y la tierra. Síguese un gran terremoto, “cual no fue jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra.” Vers. 18. El firmamento parece abrirse y cerrarse. La gloria del trono de Dios parece cruzar la atmósfera. Los montes son movidos como una caña al soplo del viento, y las rocas quebrantadas se esparcen por todos lados. Se oye un estruendo como de cercana tempestad. El mar es azotado con furor. Se oye el silbido del huracán, como voz de demonios en misión de destrucción. Toda la tierra se alborota e hincha como las olas del mar. Su superficie se raja. Sus mismos fundamentos parecen ceder. Se hunden cordilleras. Desaparecen islas habitadas. Los puertos marítimos que se volvieron como Sodoma por su corrupción, son tragados por las enfurecidas olas. “La grande Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del furor de su ira.” Vers. 19. Pedrisco grande, cada piedra, “como del peso de un talento” (Vers. 21), hace su obra de destrucción. Las más soberbias ciudades de la tierra son arrasadas. Los palacios suntuosos en que los magnates han malgastado sus riquezas en provecho de su gloria personal, caen en ruinas ante su vista. Los muros de las cárceles se parten de arriba abajo, y son libertados los hijos de Dios que habían sido apresados por su fe. {CI 95.3}

Los sepulcros se abren, y “muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.” Daniel 12:2. Todos los que murieron en la fe del mensaje del tercer ángel, salen glorificados de la tumba, para oír el pacto de paz que Dios hace con los que guardaron su ley. “Los que le traspasaron” (Apocalipsis 1:7), los que se mofaron y se rieron de la agonía de Cristo y los enemigos más acérrimos de su verdad y de su pueblo, son resucitados para mirarle en su gloria y para ver el honor con que serán recompensados los fieles y obedientes. {CI 96.1}

Densas nubes cubren aún el firmamento; sin embargo, el sol se abre paso de vez en cuando, como si fuese el ojo vengador de Jehová. Fieros relámpagos rasgan el cielo con fragor, envolviendo a la tierra en claridad de llamaradas. Por encima del ruido aterrador de los truenos, se oyen voces misteriosas y terribles que anuncian la condenación de los impíos. No todos entienden las palabras pronunciadas; pero los falsos maestros las comprenden perfectamente. Los que poco antes eran tan temerarios, jactanciosos y provocativos, y que tanto triunfaban al ensañarse en el pueblo de Dios observador de sus mandamientos, se sienten presa de consternación y tiemblan de terror. Sus llantos dominan el ruido de los elementos. Los demonios confiesan la divinidad de Cristo y tiemblan ante su poder, mientras que los hombres claman por misericordia y se revuelcan en terror abyecto. {CI 96.2}

Al considerar el día de Dios en santa visión, los antiguos profetas exclamaron: “Aullad, porque cerca está el día de Jehová; vendrá como asolamiento del Todopoderoso.” “Métete en la piedra, escóndete en el polvo, de la presencia espantosa de Jehová y del resplandor de su majestad. La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será ensalzado en aquel día. Porque día de Jehová de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, y sobre todo ensalzado; y será abatido.” “Aquel día arrojará el hombre, a los topos y murciélagos, sus ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorase; y se entrarán en las hendiduras de las rocas y en las cavernas de las peñas, por la presencia formidable de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando se levantare para herir la tierra.” Isaías 13:6; 2:10-12; 2:20, 21. {CI 97.1}

Por un desgarrón de las nubes una estrella arroja rayos de luz cuyo brillo queda cuadruplicado por el contraste con la obscuridad. Significa esperanza y júbilo para los fieles, pero severidad para los transgresores de la ley de Dios. Los que todo lo sacrificaron por Cristo están entonces seguros, como escondidos en los pliegues del pabellón de Dios. Fueron probados, y ante el mundo y los despreciadores de la verdad demostraron su fidelidad a Aquel que murió por ellos. Un cambio maravilloso se ha realizado en aquellos que conservaron su integridad ante la misma muerte. Han sido librados como por ensalmo de la sombría y terrible tiranía de los hombres vueltos demonios. Sus semblantes, poco antes tan pálidos, tan llenos de ansiedad y tan macilentos, brillan ahora de admiración, fe y amor. Sus voces se elevan en canto triunfal: “Dios es nuestro refugio y fortaleza; socorro muy bien experimentado en las angustias. Por tanto no temeremos aunque la tierra sea conmovida, y aunque las montañas se trasladen al centro de los mares; aunque bramen y se turben sus aguas, aunque tiemblen las montañas a causa de su bravura.” Salmos 46:1-3 (VM). {CI 97.2}

Mientras estas palabras de santa confianza se elevan hacia Dios, las nubes se retiran, y el cielo estrellado brilla con esplendor indescriptible en contraste con el firmamento negro y severo en ambos lados. La magnificencia de la ciudad celestial rebosa por las puertas entreabiertas. Entonces aparece en el cielo una mano que sostiene dos tablas de piedra puestas una sobre otra. El profeta dice: “Denunciarán los cielos su justicia; porque Dios es el juez.” Salmos 50:6. Esta ley santa, justicia de Dios, que entre truenos y llamas fue proclamada desde el Sinaí como guía de la vida, se revela ahora a los hombres como norma del juicio. La mano abre las tablas en las cuales se ven los preceptos del Decálogo inscritos como con letras de fuego. Las palabras son tan distintas que todos pueden leerlas. La memoria se despierta, las tinieblas de la superstición y de la herejía desaparecen de todos los espíritus, y las diez palabras de Dios, breves, inteligibles y llenas de autoridad, se presentan a la vista de todos los habitantes de la tierra. {CI 98.1}

Es imposible describir el horror y la desesperación de aquellos que pisotearon los santos preceptos de Dios. El Señor les había dado su ley con la cual hubieran podido comparar su carácter y ver sus defectos mientras que había aún oportunidad para arrepentirse y reformarse; pero con el afán de asegurarse el favor del mundo, pusieron a un lado los preceptos de la ley y enseñaron a otros a transgredirlos. Se empeñaron en obligar al pueblo de Dios a que profanase su sábado. Ahora los condena aquella misma ley que despreciaran. Ya echan de ver que no tienen disculpa. Eligieron a quién querían servir y adorar. “Entonces vosotros volveréis, y echaréis de ver la diferencia que hay entre el justo y el injusto; entre aquel que sirve a Dios, y aquel que no le sirve.” Malaquías 3:18 (VM). {CI 98.2}

Los enemigos de la ley de Dios, desde los ministros hasta el más insignificante entre ellos, adquieren un nuevo concepto de lo que es la verdad y el deber. Reconocen demasiado tarde que el día de reposo del cuarto mandamiento es el sello del Dios vivo. Ven demasiado tarde la verdadera naturaleza de su falso día de reposo y el fundamento arenoso sobre el cual construyeron. Se dan cuenta de que han estado luchando contra Dios. Los maestros de la religión condujeron las almas a la perdición mientras profesaban guiarlas hacia las puertas del paraíso. No se sabrá antes del día del juicio final cuán grande es la responsabilidad de los que desempeñan un cargo sagrado, y cuán terribles son los resultados de su infidelidad. Sólo en la eternidad podrá apreciarse debidamente la pérdida de una sola alma. Terrible será la suerte de aquel a quien Dios diga: “Apártate, mal servidor”. {CI 99.1}

Desde el cielo se oye la voz de Dios que proclama el día y la hora de la venida de Jesús, y promulga a su pueblo el pacto eterno. Sus palabras resuenan por la tierra como el estruendo de los más estrepitosos truenos. El Israel de Dios escucha con los ojos elevados al cielo. Sus semblantes se iluminan con la gloria divina y brillan cual brillara el rostro de Moisés cuando bajó del Sinaí. Los malos no los pueden mirar. Y cuando la bendición es pronunciada sobre los que honraron a Dios santificando su sábado, se oye un inmenso grito de victoria. {CI 99.2}

Pronto aparece en el este una pequeña nube negra, de un tamaño como la mitad de la palma de la mano. Es la nube que envuelve al Salvador y que a la distancia parece rodeada de obscuridad. El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del hombre. En silencio solemne la contemplan mientras va acercándose a la tierra, volviéndose más luminosa y más gloriosa hasta convertirse en una gran nube blanca, cuya base es como fuego consumidor, y sobre ella el arco iris del pacto. Jesús marcha al frente como un gran conquistador. Ya no es “varón de dolores,” que haya de beber el amargo cáliz de la ignominia y de la maldición; victorioso en el cielo y en la tierra, viene a juzgar a vivos y muertos. “Fiel y veraz,” “en justicia juzga y hace guerra.” “Y los ejércitos que están en el cielo le seguían.” Apocalipsis 19:11, 14 (VM). Con cantos celestiales los santos ángeles, en inmensa e innumerable muchedumbre, le acompañan en el descenso. El firmamento parece lleno de formas radiantes, —“millones de millones, y millares de millares.” Ninguna pluma humana puede describir la escena, ni mente mortal alguna es capaz de concebir su esplendor. “Su gloria cubre los cielos, y la tierra se llena de su alabanza. También su resplandor es como el fuego.” Habacuc 3:3, 4 (VM). A medida que va acercándose la nube viviente, todos los ojos ven al Príncipe de la vida. Ninguna corona de espinas hiere ya sus sagradas sienes, ceñidas ahora por gloriosa diadema. Su rostro brilla más que la luz deslumbradora del sol de mediodía. “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores.” Apocalipsis 19:16. {CI 99.3}

Ante su presencia, “hanse tornado pálidos todos los rostros;” el terror de la desesperación eterna se apodera de los que han rechazado la misericordia de Dios. “Se deslíe el corazón, y se baten las rodillas, … y palidece el rostro de todos.” Jeremías 30:6; Nahúm 2:10 (VM). Los justos gritan temblando: “¿Quién podrá estar firme?” Termina el canto de los ángeles, y sigue un momento de silencio aterrador. Entonces se oye la voz de Jesús, que dice: “¡Bástaos mi gracia!” Los rostros de los justos se iluminan y el corazón de todos se llena de gozo. Y los ángeles entonan una melodía más elevada, y vuelven a cantar al acercarse aún más a la tierra. {CI 100.1}

El Rey de reyes desciende en la nube, envuelto en llamas de fuego. El cielo se recoge como un libro que se enrolla, la tierra tiembla ante su presencia, y todo monte y toda isla se mueven de sus lugares. “Vendrá nuestro Dios, y no callará: fuego consumirá delante de él, y en derredor suyo habrá tempestad grande. Convocará a los cielos de arriba, y a la tierra, para juzgar a su pueblo.” Salmos 50:3, 4. {CI 100.2}

“Y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los ricos, y los capitanes, y los fuertes, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero: porque el gran día de su ira es venido; ¿y quién podrá estar firme?” Apocalipsis 6:15-17. {CI 100.3}

Cesaron las burlas. Callan los labios mentirosos. El choque de las armas y el tumulto de la batalla, “con revolcamiento de vestidura en sangre” (Isaías 9:5), han concluido. Sólo se oyen ahora voces de oración, llanto y lamentación. De las bocas que se mofaban poco antes, estalla el grito: “El gran día de su ira es venido; ¿y quién podrá estar firme?” Los impíos piden ser sepultados bajo las rocas de las montañas, antes que ver la cara de Aquel a quien han despreciado y rechazado. {CI 101.1}

Conocen esa voz que penetra hasta el oído de los muertos. ¡Cuántas veces sus tiernas y quejumbrosas modulaciones no los han llamado al arrepentimiento! ¡Cuántas veces no ha sido oída en las conmovedoras exhortaciones de un amigo, de un hermano, de un Redentor! Para los que rechazaron su gracia, ninguna otra podría estar tan llena de condenación ni tan cargada de acusaciones, como esta voz que tan a menudo exhortó con estas palabras: “Volveos, volveos de vuestros caminos malos, pues ¿por qué moriréis?” Ezequiel 33:11 (VM). ¡Oh, si sólo fuera para ellos la voz de un extraño! Jesús dice: “Por cuanto llamé, y no quisisteis; extendí mi mano, y no hubo quien escuchase; antes desechasteis todo consejo mío, y mi reprensión no quisisteis.” Proverbios 1:24, 25. Esa voz despierta recuerdos que ellos quisieran borrar, de avisos despreciados, invitaciones rechazadas, privilegios desdeñados. {CI 101.2}

Allí están los que se mofaron de Cristo en su humillación. Con fuerza penetrante acuden a su mente las palabras del Varón de dolores, cuando, conjurado por el sumo sacerdote, declaró solemnemente: “Desde ahora habéis de ver al Hijo del hombre sentado a la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo.” Mateo 26:64. Ahora le ven en su gloria, y deben verlo aún sentado a la diestra del poder divino. {CI 101.3}

Los que pusieron en ridículo su aserto de ser el Hijo de Dios enmudecen ahora. Allí está el altivo Herodes que se burló de su título real y mandó a los soldados escarnecedores que le coronaran. Allí están los hombres mismos que con manos impías pusieron sobre su cuerpo el manto de grana, sobre sus sagradas sienes la corona de espinas y en su dócil mano un cetro burlesco, y se inclinaron ante él con burlas de blasfemia. Los hombres que golpearon y escupieron al Príncipe de la vida, tratan de evitar ahora su mirada penetrante y de huir de la gloria abrumadora de su presencia. Los que atravesaron con clavos sus manos y sus pies, los soldados que le abrieron el costado, consideran esas señales con terror y remordimiento. {CI 102.1}

Los sacerdotes y los escribas recuerdan los acontecimientos del Calvario con claridad aterradora. Llenos de horror recuerdan cómo, moviendo sus cabezas con arrebato satánico, exclamaron: “A otros salvó, a sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere.” Mateo 27:42, 43. {CI 102.2}

Recuerdan a lo vivo la parábola de los labradores que se negaron a entregar a su señor los frutos de la viña, que maltrataron a sus siervos y mataron a su hijo. También recuerdan la sentencia que ellos mismos pronunciaron: “A los malos destruirá miserablemente” el señor de la viña. Los sacerdotes y escribas ven en el pecado y en el castigo de aquellos malos labradores su propia conducta y su propia y merecida suerte. Y entonces se levanta un grito de agonía mortal. Más fuerte que los gritos de “¡Sea crucificado! ¡Sea crucificado!” que resonaron por las calles de Jerusalén, estalla el clamor terrible y desesperado: “¡Es el Hijo de Dios! ¡Es el verdadero Mesías!” Tratan de huir de la presencia del Rey de reyes. En vano tratan de esconderse en las hondas cuevas de la tierra desgarrada por la conmoción de los elementos. {CI 102.3}

En la vida de todos los que rechazan la verdad, hay momentos en que la conciencia se despierta, en que la memoria evoca el recuerdo aterrador de una vida de hipocresía, y el alma se siente atormentada de vanos pesares. Mas ¿qué es eso comparado con el remordimiento que se experimentará aquel día “cuando viniere cual huracán vuestro espanto, y vuestra calamidad, como torbellino”? Proverbios 1:27 (VM). Los que habrían querido matar a Cristo y a su pueblo fiel son ahora testigos de la gloria que descansa sobre ellos. En medio de su terror oyen las voces de los santos que exclaman en unánime júbilo: “¡He aquí éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará!” Isaías 25:9. {CI 102.4}

Entre las oscilaciones de la tierra, las llamaradas de los relámpagos y el fragor de los truenos, el Hijo de Dios llama a la vida a los santos dormidos. Dirige una mirada a las tumbas de los justos, y levantando luego las manos al cielo, exclama: “¡Despertaos, despertaos, despertaos, los que dormís en el polvo, y levantaos!” Por toda la superficie de la tierra, los muertos oirán esa voz; y los que la oigan vivirán. Y toda la tierra repercutirá bajo las pisadas de la multitud extraordinaria de todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos. De la prisión de la muerte sale revestida de gloria inmortal gritando: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?” 1 Corintios 15:55. Y los justos vivos unen sus voces a las de los santos resucitados en prolongada y alegre aclamación de victoria. {CI 103.1}

Todos salen de sus tumbas de igual estatura que cuando en ellas fueran depositados. Adán, que se encuentra entre la multitud resucitada, es de soberbia altura y formas majestuosas, de porte poco inferior al del Hijo de Dios. Presenta un contraste notable con los hombres de las generaciones posteriores; en este respecto se nota la gran degeneración de la raza humana. Pero todos se levantan con la lozanía y el vigor de eterna juventud. Al principio, el hombre fue creado a la semejanza de Dios, no sólo en carácter, sino también en lo que se refiere a la forma y a la fisonomía. El pecado borró e hizo desaparecer casi por completo la imagen divina; pero Cristo vino a restaurar lo que se había malogrado. El transformará nuestros cuerpos viles y los hará semejantes a la imagen de su cuerpo glorioso. La forma mortal y corruptible, desprovista de gracia, manchada en otro tiempo por el pecado, se vuelve perfecta, hermosa e inmortal. Todas las imperfecciones y deformidades quedan en la tumba. Reintegrados en su derecho al árbol de la vida, en el desde tanto tiempo perdido Edén, los redimidos crecerán hasta alcanzar la estatura perfecta de la raza humana en su gloria primitiva. Las últimas señales de la maldición del pecado serán quitadas, y los fieles discípulos de Cristo aparecerán en “la hermosura de Jehová nuestro Dios,” reflejando en espíritu, cuerpo y alma la imagen perfecta de su Señor. ¡Oh, maravillosa redención, tan descrita y tan esperada, contemplada con anticipación febril, pero jamás enteramente comprendida! {CI 103.2}

Los justos vivos son mudados “en un momento, en un abrir de ojo.” A la voz de Dios fueron glorificados; ahora son hechos inmortales, y juntamente con los santos resucitados son arrebatados para recibir a Cristo su Señor en los aires. Los ángeles “juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro.” Santos ángeles llevan niñitos a los brazos de sus madres. Amigos, a quienes la muerte tenía separados desde largo tiempo, se reúnen para no separarse más, y con cantos de alegría suben juntos a la ciudad de Dios. {CI 104.1}

En cada lado del carro nebuloso hay alas, y debajo de ellas, ruedas vivientes; y mientras el carro asciende las ruedas gritan: “¡Santo!” y las alas, al moverse, gritan: “¡Santo!” y el cortejo de los ángeles exclama: “¡Santo, santo, santo, es el Señor Dios, el Todopoderoso!” Y los redimidos exclaman: “¡Aleluya!” mientras el carro se adelanta hacia la nueva Jerusalén. {CI 104.2}

Antes de entrar en la ciudad de Dios, el Salvador confiere a sus discípulos los emblemas de la victoria, y los cubre con las insignias de su dignidad real. Las huestes resplandecientes son dispuestas en forma de un cuadrado hueco en derredor de su Rey, cuya majestuosa estatura sobrepasa en mucho a la de los santos y de los ángeles, y cuyo rostro irradia amor benigno sobre ellos. De un cabo a otro de la innumerable hueste de los redimidos, toda mirada está fija en él, todo ojo contempla la gloria de Aquel cuyo aspecto fue desfigurado “más que el de cualquier hombre, y su forma más que la de los hijos de Adan.” {CI 104.3}

Sobre la cabeza de los vencedores, Jesús coloca con su propia diestra la corona de gloria. Cada cual recibe una corona que lleva su propio “nombre nuevo” (Apocalipsis 2:17), y la inscripción: “Santidad a Jehová.” A todos se les pone en la mano la palma de la victoria y el arpa brillante. Luego que los ángeles que mandan dan la nota, todas las manos tocan con maestría las cuerdas de las arpas, produciendo dulce música en ricos y melodiosos acordes. Dicha indecible estremece todos los corazones, y cada voz se eleva en alabanzas de agradecimiento. “Al que nos amó, y nos ha lavado de nuestros pecados con su sangre, y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; a él sea gloria e imperio para siempre jamás.” Apocalipsis 1:5, 6. {CI 105.1}

Delante de la multitud de los redimidos se encuentra la ciudad santa. Jesús abre ampliamente las puertas de perla, y entran por ellas las naciones que guardaron la verdad. Allí contemplan el paraíso de Dios, el hogar de Adán en su inocencia. Luego se oye aquella voz, más armoniosa que cualquier música que haya acariciado jamás el oído de los hombres, y que dice: “Vuestro conflicto ha terminado.” “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” {CI 105.2}

Entonces se cumple la oración del Salvador por sus discípulos: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo.” A aquellos a quienes rescató con su sangre, Cristo los presenta al Padre “delante de su gloria irreprensibles, con grande alegría” (Judas 24, VM), diciendo: “¡Heme aquí a mí, y a los hijos que me diste!” “A los que me diste, yo los guardé.” ¡Oh maravillas del amor redentor! ¡qué dicha aquella cuando el Padre eterno, al ver a los redimidos verá su imagen, ya desterrada la discordia del pecado y sus manchas quitadas, y a lo humano una vez más en armonía con lo divino! {CI 105.3}

Con amor inexpresable, Jesús admite a sus fieles “en el gozo de su Señor.” El Salvador se regocija al ver en el reino de gloria las almas que fueron salvadas por su agonía y humillación. Y los redimidos participarán de este gozo, al contemplar entre los bienvenidos a aquellos a quienes ganaron para Cristo por sus oraciones, sus trabajos y sacrificios de amor. Al reunirse en torno del gran trono blanco, indecible alegría llenará sus corazones cuando noten a aquellos a quienes han conquistado para Cristo, y vean que uno ganó a otros, y éstos a otros más, para ser todos llevados al puerto de descanso donde depositarán sus coronas a los pies de Jesús y le alabarán durante los siglos sin fin de la eternidad. {CI 106.1}

En esta vida, podemos apenas empezar a comprender el tema maravilloso de la redención. Con nuestra inteligencia limitada podemos considerar con todo fervor la ignominia y la gloria, la vida y la muerte, la justicia y la misericordia que se tocan en la cruz; pero ni con la mayor tensión de nuestras facultades mentales llegamos a comprender todo su significado. La largura y anchura, la profundidad y altura del amor redentor se comprenden tan sólo confusamente. El plan de la redención no se entenderá por completo ni siquiera cuando los rescatados vean como serán vistos ellos mismos y conozcan como serán conocidos; sino que, a través de las edades sin fin, nuevas verdades se desplegarán continuamente ante la mente admirada y deleitada. Aunque las aflicciones, las penas y las tentaciones terrenales hayan concluido, y aunque la causa de ellas haya sido suprimida, el pueblo de Dios tendrá siempre un conocimiento claro e inteligente de lo que costó su salvación. {CI 106.2}

La cruz de Cristo será la ciencia y el canto de los redimidos durante toda la eternidad. En el Cristo glorificado, contemplarán al Cristo crucificado. Nunca olvidarán que Aquel cuyo poder creó los mundos innumerables y los sostiene a través de la inmensidad del espacio, el Amado de Dios, la Majestad del cielo, Aquel a quien los querubines y los serafines resplandecientes se deleitan en adorar, se humilló para levantar al hombre caído. Que llevó la culpa y el oprobio del pecado, y sintió el ocultamiento del rostro de su Padre, hasta que la maldición de un mundo perdido quebrantó su corazón y le arrancó la vida en la cruz del Calvario. El hecho de que el Hacedor de todos los mundos, el Árbitro de todos los destinos, dejase su gloria y se humillase por amor al hombre, despertará eternamente la admiración y adoración del universo. Cuando las naciones de los salvos miren a su Redentor y vean la gloria eterna del Padre brillar en su rostro; cuando contemplen su trono, que es desde la eternidad hasta la eternidad, y sepan que su reino no tendrá fin, entonces prorrumpirán en un cántico de júbilo: “¡Digno, digno es el Cordero que fue inmolado, y nos ha redimido para Dios con su propia preciosísima sangre!” {CI 106.3}

El misterio de la cruz explica todos los demás misterios. A la luz que irradia del Calvario, los atributos de Dios que nos llenaban de temor respetuoso nos resultan hermosos y atractivos. Se ve que la misericordia, la compasión y el amor paternal se unen a la santidad, la justicia y el poder. Al mismo tiempo que contemplamos la majestad de su trono, tan grande y elevado, vemos su carácter en sus manifestaciones misericordiosas y comprendemos, como nunca antes, el significado del apelativo conmovedor: “Padre nuestro.” {CI 107.1}

Se echará de ver que Aquel cuya sabiduría es infinita no hubiera podido idear otro plan para salvarnos que el del sacrificio de su Hijo. La compensación de este sacrificio es la dicha de poblar la tierra con seres rescatados, santos, felices e inmortales. El resultado de la lucha del Salvador contra las potestades de las tinieblas es la dicha de los redimidos, la cual contribuirá a la gloria de Dios por toda la eternidad. Y tal es el valor del alma, que el Padre está satisfecho con el precio pagado; y Cristo mismo, al considerar los resultados de su gran sacrificio, no lo está menos. {CI 107.2}

A la venida de Cristo los impíos serán borrados de la superficie de la tierra, consumidos por el espíritu de su boca y destruidos por el resplandor de su gloria. Cristo lleva a su pueblo a la ciudad de Dios, y la tierra queda privada de sus habitantes. “He aquí que Jehová vaciará la tierra, y la dejará desierta, y cual vaso, la volverá boca abajo, y dispersará sus habitantes.” “La tierra será enteramente vaciada y completamente saqueada; porque Jehová ha hablado esta palabra.” “Porque traspasaron la ley, cambiaron el estatuto, y quebrantaron el pacto eterno. Por tanto la maldición ha devorado la tierra, y los que habitan en ella son culpables: por tanto son abrasados los habitantes de la tierra.” Isaías 24:1, 3, 5, 6 (VM). {CI 108.1}

Toda la tierra tiene el aspecto desolado de un desierto. Las ruinas de las ciudades y aldeas destruidas por el terremoto, los árboles desarraigados, las rocas escabrosas arrojadas por el mar o arrancadas de la misma tierra, están esparcidas por la superficie de ésta, al paso que grandes cuevas señalan el sitio donde las montañas fueron rasgadas desde sus cimientos. {CI 108.2}

El autor del Apocalipsis predice el destierro de Satanás y el estado caótico y de desolación a que será reducida la tierra; y declara que este estado de cosas subsistirá por mil años. Después de descritas las escenas de la segunda venida del Señor y la destrucción de los impíos, la profecía prosigue: “Y vi un ángel descender del cielo, que tenía la llave del abismo, y una grande cadena en su mano. Y prendió al dragón, aquella serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y le ató por mil años; y arrojólo al abismo, y le encerró, y selló sobre él, porque no engañe más a las naciones, hasta que mil años sean cumplidos: y después de esto es necesario que sea desatado un poco de tiempo.” Apocalipsis 20:1-3. {CI 108.3}

Según se desprende de otros pasajes bíblicos, es de toda evidencia que la expresión “abismo” se refiere a la tierra en estado de confusión y tinieblas. Respecto a la condición de la tierra “en el principio,” la narración bíblica dice que “estaba desordenada y vacía; y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo.” Génesis 1:2. Las profecías enseñan que será reducida, en parte por lo menos, a ese estado. Contemplando a través de los siglos el gran día de Dios, el profeta Jeremías dice: “Miro hacia la tierra, y he aquí que está desolada y vacía; también hacia los cielos miro, mas no hay luz en ellos. Miro las montañas, y he aquí que están temblando, y todas las colinas se conmueven. Miro, y he aquí que no parece hombre alguno, y todas las aves del cielo se han fugado. Miro, y he aquí el campo fructífero convertido en un desierto, y todas sus ciudades derribadas.” Jeremías 4:23-26 (VM). {CI 108.4}

Aquí es donde, con sus malos ángeles, Satanás hará su morada durante mil años. Limitado a la tierra, no podrá ir a otros mundos para tentar e incomodar a los que nunca cayeron. En este sentido es cómo está atado: no queda nadie en quien pueda ejercer su poder. Le es del todo imposible seguir en la obra de engaño y ruina que por tantos siglos fue su único deleite. {CI 109.1}

Hasta los malos se encuentran ahora fuera del poder de Satanás; y queda solo con sus perversos ángeles para darse cuenta de los efectos de la maldición originada por el pecado. “Los reyes de las naciones, sí, todos ellos yacen con gloria cada cual en su propia casa [el sepulcro]; ¡mas tú, arrojado estás fuera de tu sepulcro, como un retoño despreciado! … No serás unido con ellos en sepultura; porque has destruido tu tierra, has hecho perecer a tu pueblo.” Vers. 18-20. {CI 109.2}

Durante mil años, Satanás andará errante de un lado para otro en la tierra desolada, considerando los resultados de su rebelión contra la ley de Dios. Todo este tiempo, padece intensamente. Desde su caída, su vida de actividad continua sofocó en él la reflexión; pero ahora, despojado de su poder, no puede menos que contemplar el papel que desempeñó desde que se rebeló por primera vez contra el gobierno del cielo, mientras que, tembloroso y aterrorizado, espera el terrible porvenir en que habrá de expiar todo el mal que ha hecho y ser castigado por los pecados que ha hecho cometer. {CI 109.3}

Para el pueblo de Dios, el cautiverio en que se verá Satanás será motivo de contento y alegría. El profeta dice: “Y acontecerá en el día que te haga descansar Jehová de tus penas y de tu aflicción, y de la dura servidumbre con que te han hecho servir, que entonarás este cántico triunfal respecto del rey de Babilonia [que aquí representa a Satanás], y dirás: ¡Cómo ha cesado de sus vejaciones el opresor! … Jehová ha hecho pedazos la vara de los inicuos, el cetro de los que tenían el dominio; el cual hería los pueblos en saña, con golpe incesante, y hollaba las naciones en ira, con persecución desenfrenada.” Vers. 3-6. {CI 110.1}

Testimonio: 10-02-2018

Amados, febrero, 10, 2018. Estaba absorta leyendo Isaías 8, a las 11 de la mañana, ya que el Señor me lo había dado de madrugada. Y, mientras estaba viendo ahí todas las cosas que el Señor me estaba mostrando a través de este capítulo de Isaías 8, vi cómo había un casamiento, un hijo que iba a nacer, y que ese hijo se iba a llamar Maher-salal-hasbaz. Que significaba: el despojo se apresura y la presa se precipita”. Y que antes de que el niño pudiera decir: “padre mío” y “madre mía”, iba a venir esta destrucción dada por el rey de Asiria. Allí se nos dice la causa del por qué esto iba a ocurrir, y quiénes iban a ser los que iban a ser librados, y quiénes eran los que no iban a ser librados. Y mientras yo estaba absorta en todo esto, y viendo toda esta situación, me dije: “Señor, ¡qué maravilloso tú eres! Porque cuando están las cosas por ocurrir tú siempre dejas una señal para saber que esto está por ocurrir”. {Daisy Escalante: 10-02-2018, es.p1}

Entonces, en ese momento, cuando terminé de leer Isaías 8, comencé a leer Isaías 9:1-7, porque me dio una curiosidad de poder seguir, para saber que más estaba pasando; adicional al capítulo 8. Porque allí había leído unas preguntas que están en el versículo 19, donde dice: “¿no consultará el pueblo a su Dios? ¿y apelará por los vivos a los muertos?” Y no realmente aquí se está tratando de los muertos literales sino muertos espirituales, por eso es que el Señor nos está llamando, amados hermanos, a que nosotros consultemos directamente a Él, ¡a Él! Y que consultemos a los vivos, a los vivos espirituales, para que, entonces, a través del Santo Espíritu, pues, podamos todos caer en la misma página. {Daisy Escalante: 10-02-2018, es.p2}

Y mientras yo estaba absorta en esto, y meditando, y diciendo: “Señor, ¿hay algo que tú quieres, adicional a esto, que yo sepa, que me quieres decir?” En ese momento, amados, escuché palabra del Señor que me dijo: “Preparaos, y procurad el bien, sabiendo que mi día está delante de vosotros. No contristéis al Espíritu Santo por el cual seréis, finalmente, sellados, pues el que no llevare dicho sello será su fin eternamente. Sed, pues, celosos como vuestro Padre en los cielos es celoso, y da pan a cada uno según su necesidad. Procurad el bien sin el cual ninguno podrá ver el rostro de Dios. Tened paz entre vosotros y vuestra alma. ¿Por qué, pues, cambiaréis esta paz por congoja de espíritu? ¿Por qué teméis si sois fieles a Mí? Más, pues, temed el ser hallados faltos, pues no hay luz en él y es piedra de tropiezo y sepulcro blanqueado. Salvar vuestra vida os descalifica del cielo —más Yo salvársela a ustedes, los calificará—, no serán así los que me verán con vida. Sed, pues, celosos en vuestras conversaciones y acciones, teniendo así en cuenta que, aún, vuestros pensamientos están delante de Mí. ¡Anhelad mi reino y os será concedido! ¡Buscadme y viviréis! Yo y los míos vivimos en la abnegación eterna; si deseáis ser parte de este reino, debéis vivir de igual manera. No hay nada que haya sido violado en mi ley, y ésta debe ser cuidadosamente observada y cumplida, pues es la ley de mi gobierno y de mi carácter. Cualquier infractor perecerá. ¿Cómo, pues, hombres mortales, le obedeceréis y la guardaréis? Santifícalos en tu verdad”, contestó, “tu palabra es la verdad”. {Daisy Escalante: 10-02-2018, es.p3}

Y luego se me dieron tres versículos; “Miqueas 6:8, Habacuc 2:4 y Filipenses 4:3”.

Esto es lo que tengo que decirles, amados hermanos, que el Señor me dio este día para ustedes, y que es mi deseo y ruego —y oración—, que sigamos escudriñando la Palabra de Dios, porque en ella es que hay vida. Y, en ella, es donde vamos a estar todos en el mismo camino, dirigidos bajo el mismo Espíritu Santo, para poder llegar a la Canaán Celestial. Que el Señor me los bendiga. {Daisy Escalante: 10-02-2018, es.p4}

Isaías 8

1 Y me dijo Jehová: Toma una tabla grande, y escribe en ella en estilo de hombre tocante a Maher-salal-has-baz.
2 Y tomé conmigo como testigos fieles para que confirmaran, al sacerdote Urías y a Zacarías hijo de Jeberequías.
3 Y me allegué a la profetisa, la cual concibió y dio a luz un hijo. Y me dijo Jehová: Ponle por nombre Maher-salal-has-baz.
4 Porque antes que el niño sepa decir: Padre mío, y madre mía, será quitada la fuerza de Damasco y los despojos de Samaria, en la presencia del rey de Asiria.
5 Otra vez volvió Jehová a hablarme, diciendo:
6 Por cuanto este pueblo desechó las aguas de Siloé, que corren mansamente, y se regocijó con Rezín y con el hijo de Remalías,
7 por tanto, he aquí que el Señor hace subir sobre ellos aguas de ríos, impetuosas y muchas, a saber, al rey de Asiria con todo su poder; el cual subirá sobre todos sus ríos, y pasará sobre todas sus riberas;
8 y pasando hasta Judá, inundará y seguirá adelante, y llegará hasta el cuello; y extendiendo sus alas, llenará la anchura de tu tierra, oh Emmanuel.
9 Reuníos, pueblos, y seréis quebrantados; oíd, todos los que sois de lejanas tierras; ceñíos, y seréis quebrantados; apercibíos, y seréis quebrantados.
10 Tomad consejo, y será frustrado; proferid palabra, y no será firme; porque Dios [está] con nosotros.
11 Porque Jehová me habló así con mano fuerte, y me enseñó que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo:
12 No llaméis conspiración, a todas las cosas a que este pueblo llama conspiración, ni temáis lo que temen, ni tengáis miedo.
13 A Jehová de los ejércitos, a Él santificad; [sea] Él vuestro temor, y Él [sea] vuestro miedo.
14 Entonces Él será por santuario; mas a las dos casas de Israel por piedra para tropezar, y por tropezadero para caer, y por lazo y por red a los moradores de Jerusalén.
15 Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados; se enredarán, y serán apresados.
16 Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos.
17 Esperaré, pues, en Jehová, el cual escondió su rostro de la casa de Jacob, y a Él buscaré.
18 He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová, por señales y prodigios en Israel, de parte de Jehová de los ejércitos que mora en el monte de Sión.
19 Y cuando os dijeren: Consultad a los que evocan a los muertos y a los adivinos, que susurran y murmuran, [responded]: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?
20 ¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.
21 Y pasarán por la tierra fatigados y hambrientos, y acontecerá que teniendo hambre, se enojarán y maldecirán a su rey y a su Dios, levantando el rostro en alto.
22 Y mirarán a la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas, oscuridad y angustia; y [serán] lanzados a las tinieblas.

Isaías 9:1-7

1 Aunque no [será] esta oscuridad tal como fue en su angustia, cuando al principio Él levemente afligió la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí; y después más gravemente los afligió por el camino del mar, al otro lado del Jordán, en Galilea de los gentiles.
2 El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.
3 Aumentando la gente, no aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos.
4 Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián.
5 Porque toda batalla de quien pelea es con estruendo, y con vestidura revolcada en sangre; pero [esto] será para quema, y combustible para el fuego.
6 Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado será sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
7 Lo dilatado de [su] imperio y de su paz no [tendrá] límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

Miqueas 6:8

8 Oh hombre, Él te ha declarado lo que [es] bueno, y ¿qué pide Jehová de ti? Solamente hacer justicia, y amar misericordia, y caminar humildemente con tu Dios.

Habacuc 2:4

4 He aquí se enorgullece aquel cuya alma no es recta en él; mas el justo por su fe vivirá.

Filipenses 4:3

3 Y te ruego también a ti, fiel compañero, ayuda a aquellas [mujeres] que trabajaron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también, y los otros de mis colaboradores, cuyos nombres [están] en el libro de la vida.

Testimonio: 05-12-2018

Amados, diciembre 5, 2018. En sueños vi como muchas mujeres se preparaban para bodas. Éstas entraban en cuartos y se arreglaban, y cada una se esmeraba en dicha preparación. Observaba que cada una de ellas se vestía con una forma única, evitando repetir la preparación de las otras que, allí, también, se preparaban. Yo les oí expresarse y una decía: a mí me elegirá”. Y otra decía: “no, tú no, tú no tienes lo que yo tengo”. A otra también escuché decir: “yo soy más pura que ustedes”. Más otra dijo, con una gran risa: “¡pobres creídas!, yo porto algo que ustedes no tienen y es lo que se necesita para ser elegida”. Las otras la miraron y no vieron nada en ella que les hiciera ver alguna diferencia entre ellas. Aquella última, entonces, exclamó: “el fingimiento. Yo he fingido todo este tiempo, pero ahora luego de ser elegida ya no tendré que fingir más. En eso escuché el ruido de una cadena. Busqué con mis ojos el ruido que había escuchado con mis oídos, y vi, a lo lejos, detrás, muy atrás de todas ellas, una mujer encadenada. Ésta lloraba y clamaba por liberación, y se veía cansada, magullada, y sufriente. {Daisy Escalante: 05-12-2018, es.p1}

Luego escuché un sonido de trompeta, era único aquel ruido, y una voz como un estruendo por todo el firmamento, y dijo algo que yo no entendí, más aquella mujer sufriente entendió. Las otras estaban pálidas de terror, y ante mí pasaba todo esto. Entonces, vi una puerta abierta en el cielo y una luz salía de ella, y escuché, otra vez, el ruido de todas las cadenas. Quité la vista del cielo y volví para mirar la mujer encadenada, la vi que estaba en pie y las cadenas habían caído ante ella, y ya no estaba más presa. La mujer perversa, más que todas, gritó a las otras: “¡corran!, ¡atrapémosla!, ¡no dejen que se escape!” Pero ésta, fijos sus ojos al cielo, comenzó a elevarse y pasó por encima de ellas, y entró por la puerta del cielo que estaba abierta y de la cual emanaba luz. La puerta se cerró y ya no la vi más. Entonces, miré las mujeres, las que querían atrapar a esta mujer sufriente, y sólo vi algo de sus vestiduras, pues su cuerpo yacía en el suelo convertido en polvo. {Daisy Escalante: 05-12-2018, es.p2}

Ahí, amados, desperté. Desperté sobresaltada ante tal escena, rogando y clamando a Dios por su pueblo fiel en la ancha faz de la tierra. Preparémonos, hermanos. El Señor está muy cerca. Está hablando muy claro a su pueblo. Yo espero, y ruego, es mi ruego y oración, que cada uno de nosotros podamos entender lo que el Señor nos quiere decir a cada uno de nosotros. Que Señor les bendiga. {Daisy Escalante: 05-12-2018, es.p3}

Testimonio: 02-02-2019

Amados, febrero 2, 2019. Se me dejó saber que “hoy, ya en el mundo, hay muchos lugares donde no existe la paz, y en los que aún existe algo de ésta, muy pronto desaparecerá. Pronto, la burbuja en la que vivimos se pinchará y cada uno verá la real realidad de su obstinado camino: unos para salvación, y otros para perdición. Habrán quedado separados definitivamente dentro del pueblo que dice conocer a su Dios”. {Daisy Escalante: 02-02-2019 , es.p1}

“Pronto, la marcha de esto acabará para dar paso a la aparición del enemigo de Dios que, con maravillosa artimaña, convencerá a muchos y la paz esperada será su voz resonante. Las masas que están convencidas de no haber otra escapatoria rogarán por su ayuda y así será la entrada triunfante del enemigo de Dios y su creación. Unos a sabiendas, y otros sinceramente engañados, comenzarán reformas drásticas en pro del plan instigado del mal. Más el pueblo que sigue a su grande y poderoso Dios se esforzará y actuará”. {Daisy Escalante: 02-02-2019 , es.p2}

“Se me dejó saber que pronto la lluvia temprana cesará, y todos los que hayan [obedecido] a los requerimientos divinos serán investidos con el refrigerio final. Y así, cuando el mundo esté investido del hechizo infernal del archiengañador, una luz refulgente, imparable, comenzará su fulgor en toda esquina del mundo y a ningún oído escapará. Aquellos que el enemigo ha querido mantener en jaque, pero son sinceros, esta luz brillará sobre ellos y despertarán en el último llamado de amor y misericordia de este mundo condenado a la destrucción. ¡Maravillosa escena, amados! ¡indescriptible momento, que pasó ante mí, será aquel cuando el ejército del príncipe Emmanuel esté listo y preparado! Y, ya, avance en defensa de aquellos que se han entregado bajo la bandera del príncipe Emmanuel. Arropados por una inmensa gloria y un impulso indetenible, su corazón rebosa de inmensa alegría y gran agradecimiento por aquel que, siendo el Rey del universo, se bajó hasta lo sumo por la salvación de sus almas”. {Daisy Escalante: 02-02-2019 , es.p3}

“Algunos, muertos en el camino del deber, y otros, aún en el sendero escabroso, pronto quedarán reunidos para siempre y nunca más nada les podrá separar. Es el tiempo, amados, y éste casi ha llegado, cuando con el poder y el espíritu de Elías, el corazón de los padres se volverá a los hijos y de los hijos a los padres; este poder proveniente de lo Alto romperá el hechizo satánico de todo aquel que aún tenga algo de verde. Este poder apelará a lo aprendido en los primeros años de sus vidas, este espíritu hará que sus mentes sean impacientadas de tal forma que la verdad vuelva a brillar en sus vidas”. {Daisy Escalante: 02-02-2019 , es.p4}

“A vosotros os toca ayunar, orar y velar en todo tiempo. Es momento de clamar los unos por los otros. Toda crisis será desatada. El cielo se movilizará en pro de la salvación de las almas. En estos últimos momentos, todo esfuerzo será hecho y toda medida será aplicada. El pueblo verdadero reconocerá este esfuerzo divino, y aún ante la vida o la muerte de familiares y amigos, verán la mano misericordiosa de Dios activando en pro de la salvación del hombre”. {Daisy Escalante: 02-02-2019 , es.p5}

“¡Alistaos! Ungid vuestras cabezas, sacerdotes del rebaño familiar, ungid vuestros primogénitos y reconoced que son míos por derecho y redención. ¡Apartaos de la apostasía!, ¡apartaos para buscar mi rostro!, ¡no hagáis nada que no sea un: ‘así dice Jehová’ y Yo os autorice! Recordad a Josué, valeroso ante Mí, y apartado del mal. ¿Dónde están los sacerdotes del rebaño familiar? ¡Despertad, despertad!, pues el día es casi llegado. Levantad bandera a Jehová sobre vuestros hogares y proclamad ‘Yo y mi casa serviremos a Jehová’. Haced sacrificios vivos ante Mí, esto es un corazón contrito y humillado”. {Daisy Escalante: 02-02-2019 , es.p6}

“¡Oh! ¡Si tan siquiera supieras, para esta hora, lo que te traerá paz! Como en Jerusalén, cuando vivían más confiados, la destrucción llegó y las madres comían [a] sus hijos, y la sangre corría en raudales por las calles. Reconoced que Yo Soy Dios y nada escapa a mis ojos. Venid a Mí y tendréis descanso. Y haced tesoros en el cielo, donde el orín y la polilla no corrompen ni las manos hurtan. En aquel gran día [de] gloria, muchos escucharán mi voz y recordarán que fui Yo quien les hablé, más acallaron mi voz. Allí correrá el valiente y será el llorar y [el] crujir de dientes”. {Daisy Escalante: 02-02-2019 , es.p7}

“¿Qué más podré hacer Yo por mi viña? Preparé la tierra, sembré buena semilla, la regué, la cuidé de la mala hierba. Creció fuerte y hermosa; más, en su hermosura, decidió ser estéril y, ¿qué, pues, haré?, ¿seguirá ésta ahí ocupando el espacio que otra planta puede tener en oportunidad para dar fruto? Así dice el Sembrador de los sembradores: ‘ciertamente será cortada y su hermosura no será más porque despreció los cuidados y desdeñó mi tiempo’. Procurad, así, cada uno, no ser cortado por el gran Sembrador porque esta planta será cortada y nunca más podrá ser vista. Escuchad y aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. He aquí vengo pronto, retén lo que tienes para que ninguno tome tu corona”. {Daisy Escalante: 02-02-2019 , es.p8}

Palabra fiel y verdadera del Señor dejo a vosotros, amados hermanos, rogad unos por los otros. Es el momento de que estemos día y noche de rodillas, rogando unos por los otros, rogando por vuestra propia alma para que, así, podamos ser aceptados en Cristo Jesús y podamos ser más que vencedores en Él. Que el Señor me los bendiga. {Daisy Escalante: 02-02-2019 , es.p9}

Testimonio: 08-10-2019 #02

Amados, octubre, 8, del 2019. A las 7:25 am, se me dijo: “escribe”. Comencé a escribir estas palabras que se me dictaron:

“¡Perdona, oh Jehová!, y no sea contencioso mi espíritu contra Tí. Gime mi espíritu dentro de mí y la amargura me llega hasta los tuétanos”.

“¡Límpiame y renuévame, oh Jehová de mi salvación!, y no vean mis ojos la maldad lisonjera de mi prójimo y me agobie! Límpiame, y seré limpio. Cura mi negro corazón y así podré alabarte cada día desde el alba hasta el amanecer, y de día mi ser tenga reposo en tu misericordiosa salvación. ¿A quién iré sino a Tí?” {Daisy Escalante: 08-10-2019 #02, es.p1}

“Júzgame, oh Jehová, y contiende con mi espíritu para que así mi ser sea testigo de tu grande poder. No me apartes de tu presencia para que, salvo en Tí, mi espíritu se regocije en el Dios de mi salvación”. {Daisy Escalante: 08-10-2019 #02, es.p2}

“Rodéame con tus alas y aleja la malignidad de mis días de vida, por el tiempo de vida que Tú me has dado en tu eterna sabiduría”.

“¡Perdona, oh Jehová, nuestra infidelidad en tiempos pasados y muéstranos tus rectos caminos!”

“Líbrame de mis adversarios que día y noche maquinan contra mi vida, y pon un canto en mis labios y una alabanza en mi corazón”.

“¡Lávame y seré limpio!, y pon un espíritu recto dentro de mí para que mi ser te alabe desde hoy y por siempre. Amén”.

Estas fueron las palabras que se me dictaron, quiera Dios que éste sea el deseo y el sentir de cada uno de nosotros. Que Dios me los bendiga. {Daisy Escalante: 08-10-2019 #02, es.p3}

Himno 127: Como Jesús no hay otro amigo
Himno 225: Venid a Mí los tristes